Una llamada de noviembre

Nos conocimos en los tiempos del colegio, coincidiendo como entrenadores de las escuelas de baloncesto, disfrutando de breves pero intensas sobremesas hablando de fitness, salud y alguna que otra conversación habitual del género masculino. Y gracias a esas conversaciones, a Diego le picó el gusanillo y retomó su vida de atleta entrenando dos o tres veces por semana.

Me llamó un día de noviembre de 2015, con la voz entrecortada y tono de preocupación. Lo hizo desde la cama. Llevaba tres días sin prácticamente poder levantarse por un fuerte dolor de espalda baja, y con el temor de que alguno de los movimientos hubiera podido empeorar su hernia discal. Intenté tranquilizarle, preguntarle qué es lo que había estado haciendo, y que siguiera yendo a su fisioterapeuta de confianza. Los dolores de espalda son habituales pero cuando pegan tan fuerte son objeto de preocupación para todo aquel que los sufre. Diego simplemente quería recuperarse y volver a sentirse bien.

En un lugar de USA…

Nació en Estados Unidos. Durante su adolescencia hizo todo aquello que se presupone para un atleta del otro lado del Atlántico: correr en todo tipo de pruebas de atletismo, levantar hierro en el gimnasio, y estar muy en forma. Si tenéis alguna conversación con la mayoría de especialistas en movimiento, pocos son los que niegan la gran estructura que tienen montada los estadounidenses para hacer de sus niños y adolescentes auténticos atletas. Van varios pasos por delante de nosotros (los europeos) en ese aspecto. Diego quería recuperar el nivel de esos años: la paternidad de dos hijos maravillosos, el trabajo y otra serie de circunstancias le habían llevado a dejar de priorizar al Diego «deportista». Es una parte de él mismo que estaba guardada dentro, pero que en cualquier momento había que despertar.

Así que en septiembre de 2016 comenzamos. ¿Por qué noté que tenía esa parte escondida? Además de por su habilidad técnica con la mayoría de movimientos, por su actitud. Es de los que les tienes que frenar, quitarle kilos de la barra y decirle que el descanso es lo que verdaderamente entrena, y no el entrenamiento. De los que siempre necesita más.

Single dead lift con kettlebell

DIY, «a pain in the ass» y las viejas lumbalgias

El año pasado no incluyó calmar la lumbalgia entre sus tres objetivos generales. Salvo algún viaje en coche de varias horas y los días que no descansa nada bien, no ha vuelto a acordarse de ella. Ahora tenemos otros retos. Él no entrena simplemente por entrenar (aunque es de los que disfruta haciéndolo). Quiere seguir aguantando el tipo tras largas horas de su DIY («Do It Yourself»), lo que aquí en nuestro país hemos llamado siempre ser un «manitas». Quiere llegar a las diez dominadas. Para conseguirlo ha estado practicando todos los días en el pabellón de su colegio y ahora va a hacerlo en su terraza, donde ha anclado con cemento a la pared una barra. Y sobre todo, quiere poder seguir jugando y corriendo con sus hijos como lo harían ellos con cualquiera de sus amigos.

¿El próximo reto? Trail Running, y empezar a correr por montaña. Para luego llegar en abril a nuestra prueba favorita, la carrera de obstáculos, y así rendir al 200%.  Como dice el propio Diego, habrá que aguantar muchos «pains in the ass», frase que repite cada vez que entrena y tiene que hacer algo «jodido». Pero en el fondo lo disfruta. Es el precio a pagar por recuperar al chico de Detroit.

¿Quieres ser tú la próxima Historia de Éxito?

 

Etiquetas: ,

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Víctor Jiménez


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies