Desde la aparición del Homo Sapiens (hace 500.000-400.000 años), hasta nuestros días, el ser humano apenas ha cambiado su genética. Tu cuerpo está diseñado para gastar energía con la actividad física, el crecimiento, la reproducción, el GMB (aquello que gastas cuando no estás haciendo “nada”) y otra serie de tareas, acumulando como grasa todo aquello que no utilizas.  Sin embargo, con la llegada de la agricultura (8.500 a.C), y sobre todo con la Revolución Industrial (hace poco más de 200 años), el gasto energético en actividad física se ha visto reducido hasta menos del 50% de lo que generaban nuestros antepasados. Es decir, probablemente gastes la mitad que tus ellos, comas más, y bastante peor. Y todo ello gracias al sedentarismo.

Si tienes diabetes, dislipemia, hipertensión, obesidad, ateroesclerosis, o algún familiar tuyo sufre cualquiera de ellas, la respuesta a tu situación es simple. Están altamente relacionadas con comer aquello para lo que tu cuerpo no está preparado, y moverte de forma insuficiente para lo que necesita.

El trabajo, la familia, el ocio…y todo aquello que no me permite dejar de ser sedentario

¿Dedicas todo tu tiempo a compensar toda esa actividad que el cuerpo necesita y desechas todo aquello que rodea a tu vida en el S.XXI? La respuesta clara es un NO: no puedes compatibilizar 100% un estilo de vida ancestral con la vida en la Era Digital, hay herramientas para intentar frenar el sedentarismo. Algunas propuestas interesantes, tanto para el entorno escolar como para el laboral, ya se han hecho. Y además, que tus antepasados vivieran así (cazando y recolectando), no quiere decir que sea la manera más “eficiente” de llevarlo a cabo, y para ello puedes utilizar el conocimiento que ciencias de la salud como la nutrición o el movimiento ponen a tu disposición.

Encontrar el equilibrio

Como afirma Per-Olof Ástrand, “las actividades de nuestros antepasados, aunque eran exigentes, carecían de la eficacia del ejercicio físico realizado según los principios de la fisiología del ejercicio moderna. Puede ser posible lograr efectos fisiológicos similares con menos consumo de tiempo […]. Éste logro podría permitir mejorar la salud, prevenir enfermedades y alcanzar el bienestar general. Los métodos más eficaces para su logro y una comprensión más completa de su impacto en la salud humana, merecen los mejores esfuerzos de los científicos del ejercicio”. Así que ya sabes, Actívate! y deja de lado el sedentarismo para el cual no has sido diseñado/a.

REFERENCIAS 

  1. Arsuaga, J.L. (Marzo de 2015). La evolución del cerebro, desde Atapuerca hasta el Párkinson de nuestros días. Asociación Párkinson Burgos, Burgos.
  2. Campillo Álvarez, J.E. (2004). El mono obeso – La evolución humana y las enfermedades de la opulencia: obesidad, diabetes, hipertensión, dislipemia y ateroesclerosis. Barcelona: Crítica.
  3. Cordain, L., Gotshall, R. W., & Eaton, S. B. (1998). Physical activity, energy expenditure and fitness: an evolutionary perspective. International Journal of Sports Medicine, 19(5), 328–35.
  4. Marín, Clara. “Una guía para luchar contra el sedentarismo laboral”. El Mundo [Madrid, ES], 8 de junio de 2015 http://www.elmundo.es/salud/2015/06/08/556c6406268e3e62108b4594.html
  5. Martínez, Luz. “Programa “Take10!” Una iniciativa estadounidense para aumentar el ejercicio físico en el colegio”. iSalud, 12 de marzo de 2015 http://doctorjuanmadrid.com/programa-take10-una-iniciativa-estadounidense-para-aumentar-el-ejercicio-fisico-en-el-colegio/
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