Desde que Sergio Jaramillo me prestó el «El poder del Ahora» en la primavera de 2014 no he dejado de reflexionar en torno al verdadero poder que la mente ejerce sobre nosotros. Se nos ha dado el arma más poderosa de la especie animal y sin embargo gastamos su energía en pensamientos repetitivos y casi siempre inútiles, y lo que es peor, involuntarios e inconscientes. Recomiendo encarecidamente la lectura de ese libro, que tras todos estos años de lectura dedicada aún sigue estando en el podio de mi top 10.

EL CAMINO PORTUGUÉS

Si has leído la primera parte de la historia, sabrás por qué comienzo en este punto. Aunque no había planificado demasiado el hospedaje, fui conservador a la hora de elegir la ruta que iba a hacer y el peso que iba a tener el macuto. Cinco etapas de Camino Portugués, unos 120 kilómetros en seis días, y una mochila de unos cinco kilos con lo imprescindible. Había estado consultando las semanas anteriores a un gran amigo mío y a mi hermano, sobre si lo que pone en los foros es totalmente necesario o si había cosas que luego no se utilizaban, y por otra parte si ellos consideraban que había elementos que no aparecían en las guías pero que en su opinión eran básicos. Así que allí estaba yo comenzando, entre otras cosas, con los bastones de Decathlon (dos para no compensar toda la carga en un lado del cuerpo), el saco de dormir anti-chinches, los imperdibles para colgar y secar la ropa interior durante la marcha, y tapones para los oídos que me aislaran de los ronquidos de los Peregrinos. Justo en el momento de sacarlos la segunda noche pensé si los demás llevaban puestos los suyos…para protegerse de mí =).

MENTE…¿PODEROSA?

Tras los primeros 17 kilómetros desde Mos, tuve que pasar el monte de Redondela. Las piernas me respondieron bien allí arriba, tanto que tiré de ellas, escuchando más mis sensaciones internas que la voz que me decía que fuese algo más conservador. Los Peregrinos de más de 50 años, algunos de ellos con bastante más «patas» que las mías iban, como suele decir mi padre, sin prisa pero sin pausa. Así que en la bajada empecé a sufrir las consecuencias de haber metido la tercera marcha en vez de haber seguido en segunda como iban haciendo los demás. Los siguientes 10 kilómetros para llegar a Pontevedra fueron un poco odisea; las piernas cansadas y doloridas (creo sin embargo que habrían soportado las tres etapas que quedaban), y esa herramienta poderosa que sujetaba mi cuello, que no paraba en todo el rato de mirar las marcas de distancia de 100 metros con la distancia restante hasta el destino. Un «suicido» si estás pensando única y exclusivamente en llegar y aún te quedan decenas de marcas. Sin saber el tiempo real que me llevó el último tramo, llegué a la ciudad gallega.

Paisaje en Redondela

PONTEVEDRA – SANTIAGO

Mi hermano me había sugerido quedarme a dormir en los albergues públicos o parroquiales (aún no sé si realmente son lo mismo), en los cuales reservas por orden de llegada. Son más baratos que los privados, y aunque las condiciones del hospedaje se alejan bastante de lo que podría ser un hotel de tres estrellas, la relación con el resto de Peregrinos acaba siendo más estrecha. Así que confié en mi hermano, madrugando antes de las 6:00 y no haciendo demasiados kilómetros para llegar pronto al pueblo o ciudad y poder reservar sin problemas. En caso que no hubiera espacio, me buscaría otro y así hasta dar con plaza en alguno de ellos. En Pontevedra no fue así; en toda la ciudad sólo había un albergue público, aunque tuviera capacidad para ochenta personas. Estuvimos esperando en la cola (unas 130 personas, yo debía ser el 115) una hora y media bajo el sol con la esperanza de que fuera cierto el rumor; que en agosto solían habilitar camas supletorias por la gran afluencia de gente. Al final, nos dieron opción de dormir en el suelo de un polideportivo, idea que no me desagradaba en absoluto, pero estaba a dos kilómetros de allí, que tras haber terminado la etapa, y ya con las chanclas puestas, parecían inmensos. Mientras esperaba en la cola, intenté reservar en algún albergue privado desde el teléfono, sin éxito. La única opción que tenía era un hotel a las afueras de la ciudad a 60 euros la noche. Descartable. Y justo se dio la casualidad de que el albergue público donde nos encontrábamos estaba a un minuto de la estación de tren, así que con la energía emocional a niveles mínimos, y una batería a punto de morir, compré desde el teléfono el billete del siguiente viaje que salía en diez minutos para Santiago, no sin antes comprobar que podía cambiar sin problemas el de Santiago – Madrid que ya había comprado para el sábado por la noche, por ese mismo miércoles.

 

Y ÉL ME GANÓ

En la primera parte de la historia, la semana pasada, hubo algunos de vosotros, lectores, que me escribisteis con las ganas de saber el final, y no sé si esperabais algo diferente, más propio de una película de Hollywood. Básicamente la Mente, esa herramienta poderosa de la que hablo al comienzo, me falló, y lo hizo a la primera de cambio. No llevaba ni quince horas de Camino cuando pasé el monte de Redondela, y en los últimos kilómetros el 100% del tiempo no paraba de divagar, queriendo terminar, mirando todo el rato las marcas de distancia, sin disfrutar, y sin encontrarle sentido (ni espiritual ni de ningún tipo) a lo que mi cuerpo estaba haciendo. Así que cuando la estación de tren me lo puso un poco fácil y el albergue un poco difícil, elegí la opción cómoda. Quizás hubiera acabado el Camino si lo hubiera hecho acompañado, o si no hubiera acelerado el paso en el monte de Redondela, o si hubiera reservado en los albergues privados desde Madrid, o si me hubiera preparado los días de antes haciendo rutas de 20-25 kilómetros por mi ciudad. No lo sé. Lo único que sé es que el Camino me venció.

ACTÍVATE! 3.1

Siempre pienso que suelo cuajar muy bien con el perfil de personas que llevo porque consigo transmitirles que sus «problemas» son normales, bastante comunes, y que al final mucha gente como ellos los «padecen», incluido yo mismo. No voy de súper-atleta porque no lo soy, ni he tenido un background especial relacionado con el mundo del rendimiento. Eso me lleva a comprender mejor física, emocional, y mentalmente a la persona que tengo delante. Es como si Killian Jornet, por poner un ejemplo, quisiera entender un caso como el mío o las situaciones de mis clientes cuando con tres años subió su primer «tres mil». Pues esto es justamente lo contrario.

Y ése es el objetivo de este blog. Acercar a los lectores las historias personales de gente normal, con trabajos normales, con familias normales, pero con cualidades excepcionales, las mismas que a mí me llevaron a sentirme derrotado aquella tarde en Santiago, pero que con el paso de los días me mostraron que aún soy un novato en esto de la vida, que el Camino no va tanto de «patas» sino más de fortaleza mental, y que no tuve la resiliencia necesaria (ésa de la habitualmente presumo) para aguantar cuando tuve el primer contratiempo.

Os presento Actívate! 3.1, una continuación del blog del curso anterior, en el que:

– Seguiré hablando de Fitness Coaching, y de la relación entre la alimentación y el movimiento con los otros tres cuerpos (el emocional, el mental, y al mando el espiritual), esta vez dándole un aire más personal y menos científico, puede incluso que en inglés.

– Seguiré acercándoos las Historias Personales de las personas (valga la redundancia) con las que trabajo día a día. Todo ello sumado a un vídeo-entrevista para que podáis comprobar con vuestros propios ojos y oídos su experiencia.

– Finalmente, informaré de los Eventos (congresos, ferias, networking) a los que asista, al estar relacionados íntimamente con el objetivo de este blog, y con mi dedicación profesional.

Espero que os haya gustado mi «batalla» personal con el Camino, y si creéis que el contenido del blog puede seros de ayuda, os suméis a la lista de suscriptores (cuadrito blanco arriba) y/o me sigáis en las RR.SS. que incluyo abajo del todo. Muchas gracias, y a disfrutar de la nueva temporada =).

Fitness Coach en Ribadesella

 

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