Me considero un verdadero afortunado. Desde que comencé en el mundo profesional con la recién estrenada mayoría de edad he ido coincidiendo con trabajos, lugares, y personas diferentes, muchos de ellos caracterizados por generar experiencias emocionales positivas en mí. Hasta deparar aquí, en 2018, tratando de darle una vuelta de tuerca al Entrenamiento Personal. Steve decía que podías conectar los puntos de tu vida hacia detrás pero nunca hacia delante, y a día de hoy soy consciente de que uno de esos puntos importantes tuvo lugar en el año 2009.

Unos padres un tanto extraños para lo que venía siendo habitual

Cuando uno empieza a entrenar un equipo de baloncesto con niños, le surgen varias dudas, una de ellas es si los padres de los jugadores van a ser los oficialmente considerados como «pesados», y si desde los seis años van a presionar para que su hijo se convierta en el nuevo Felipe Reyes o Amaya Valdemoro. Como escuché años más tarde en otro entrenador “a veces pienso que deberíamos llevar equipos de huérfanos. Hay cosas que serían más fáciles”. No juzgo la frase, simplemente la cito. Pero a diferencia de lo que era habitual, tuve suerte (¿?) y mi primera experiencia profesional positiva tuvo lugar ese año, gracias a entrenar y educar a seis maravillosos niños, y a coincidir con padres que no sólo no causaban problemas sino que además ayudaban a que todo fluyera con facilidad. Cuando quizás mi autoconfianza por aquel entonces no era muy elevada, esa relación con ellos hacía la vida de entrenador más cómoda. Uno de ellos incluso me animaba a seguir practicando todas esas «chorradas» de psico-motricidad en las que yo confiaba ciegamente, pero que no se solían ver demasiado por las canchas de equipos de categoría pre-benjamín. Se llamaba Manuel.

Baloncesto prebenjamín CDMVV

Historia…¿con final feliz?

Solía recoger a su hijo puntualmente, y a veces, al acabar el entrenamiento, manteníamos una conversación de varios minutos. Son de las personas (él y su chica) que transmiten buen feeling desde el primer momento. Años más tarde, y tras haber trabajado con África para intentar dar calidad a sus kilómetros, Manuel me llamó por teléfono a la vuelta de verano para decirme que llevaba unos meses sin disfrutar del bádminton, cojeando los días posteriores a los entrenamientos con el grupo de Leganés. Analizamos la situación, vimos qué podíamos hacer y nos pusimos en marcha.

En este espacio del blog os suelo contar Historias Personales donde el cuento acaba más o menos bien: Julia, Diego, Blanca, etc. Pero con Manuel el trayecto no ha sido tan sencillo, y aún a día de hoy seguimos tratando de encontrar la solución a su desequilibrio articular. Aún no sabemos qué es específicamente lo que tiene dentro de la rodilla, o de la cadera, y tampoco sabemos si saberlo a ciencia cierta nos ayudaría en algo. Intentamos colocar un armazón alrededor de sus articulaciones para que protejan como si de soldados espartanos se tratase. Y mientras, esperamos a que los médicos nos den un veredicto final.

Tijeras glúteo medio

A sus (casi) cuarenta y diez

Cada vez que él se plantea la posibilidad de dejar el bádminton, la macabra idea le dura un par de minutos. Disfruta en las sesiones conmigo, incluso entrenando por su cuenta en los huecos que el trabajo y la pasión por su familia le dejan, pero su motivación principal es seguir jugando sin limitaciones y divertirse. Rara es la mañana que se despierta al 100%, y sin embargo al día siguiente ya está de nuevo raqueta en mano, o corriendo por alguna de las calles o bosques de su barrio. Al día siguiente dolor, pequeña cojera, pensamientos de no volver a correr una popular y de hacerse yogui profesional, ideas que le suelen durar unas pocas horas, o días, porque en cuanto vuelve a coger buenas sensaciones ya está arrancando de nuevo con el bádminton, o tratando de ser en la próxima carrera la liebre y que la que le persiga sea su mujer; lo habitual es lo contrario =). Aún no me he visto con fuerzas para prohibirle que deje el deporte de «competición», a sabiendas (los dos) de que quizá sea lo mejor para su dolor. No creo que yo tenga la potestad «moral» para hacerlo. Al fin y al cabo, seguimos en pie de guerra trabajando para que su rodilla le siga permitiendo jugar disfrutando, y sonreír, como diría Sabina, a sus (casi) cuarenta y diez.

Cross Fundación Prodis

Leave A Reply:

(optional field)

  1. Son historias reales, de personas reales que luchan día a día por tener una mejor salud. Por poder dentro de 10 años tener una mejor calidad de vida. Esto motiva a las personas que como yo tenemos problemas de salud. Gracias.

    • Eso es Julia, muchas gracias por el comentario y me alegro de que te haya motivado.